Estancia El Rincón, una pieza de historia viva de la región del Gran La Plata
  • 11 de Diciembre, 2022

Estancia El Rincón, una pieza de historia viva de la región del Gran La Plata

Una Estancia ubicada en el límite entre City Bell y Villa Elisa en la región del Gran La Plata es protagonista de grandes anécdotas e historias y vuelve a proponerse una vez más como potencial escenario para nuevos actores, ya que hace algunas semanas sus actuales propietarios decidieron confiarle a la propuesta inmobiliaria Keymex Argentina, la comercialización de sus 7,3 hectáreas, con un bellísimo parque de estilo inglés arbolado con castaños, robles, casuarinas, magnolias, vitex, araucarias, eucaliptos, azareros, lagerstroemias, alcanfor, pinos y una gran variedad de especies frutales, proponiendose a la venta con sus  490 m2 cubiertos, en USD 3.200.000.

Hacia el S. XVI las tierras que hoy componen la Estancia El Rincón pertenecieron a los jesuitas hasta la segunda mitad del siglo XVII. Según la documentación existente, los jesuitas se establecieron allí alrededor de los años 1650 y permanecieron hasta 1695, cuando venden gran parte de las mismas a Luis de Pezoa de Figueroa, un importante hacendado de la época.

Luego de varias controversias, y ya constituída Argentina como República comenzaría a contarse una nueva etapa desde 1872  cuando en posesión del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Mariano Acosta, una Estancia de 669 hectáreas (comprendida entonces desde la zona de Punta Lara hasta la zona de lo que hoy se referencia con la calle 152 de la Región del Gran La Plata, y porción de territorio comprendida entre la Calle 426 en City Bell y la Calle 514 en la zona de Tolosa) es vendida a Jorge Bell, en ese entonces denominada “Estancia Grande” ubicandose la hoy denominada Estancia El Rincón en un vértice al este de la misma, de allí el nombre elegido para representarla.

En 1879 Bell adjudicó a sus hijos, Jorge (h.) la “Estancia Grande”, a Archivaldo, la “Estancia Chica” en Abasto y a Tomás, la “Estancia El Rincón”, en Villa Elisa. 

 

En la época en la que la Estancia El Rincón perteneció a Tomás Bell se realizaron la mayoría de las construcciones existentes, como la casa principal y la casa secundaria del casco. Originariamente se hicieron de estilo francés. La casa principal tenía dos niveles, y galerías que la rodeaban en su totalidad, culminando en un altísimo techo de tejuela negra.

En 1928, integrando la sucesión de Tomás Bell, la estancia, se remató y fue comprada por Pablo Edmundo Saint, quien se dedicó a la cría de vacas holando-argentinas y construyó allí varios tambos. El empresario, fabricante de los famosos chocolates “Águila” hizo colocar vías de autorriel para transportar la leche que, ya pasteurizada, enviaba a la fábrica de Buenos Aires.

En la década del ‘40 la casa principal se incendió casi en su totalidad, excepto las paredes de la planta baja. En 1946 Pablo Saint falleció y lo sucedió su hijo Edmundo. En 1951 la casa principal fue remodelada y reconstruida, conservando las paredes de la antigua vivienda. Los arquitectos Carlos E. Bullrich y Alberto Méndez, directores de la obra, utilizaron un estilo neoclásico, de poca ornamentación, y ubicaron los ambientes principales de la casa en planta baja, dejando solo un atelier en la planta alta.

Así es como la vemos actualmente. El parque frente a la casa, también fue remodelado en esta época, acorde al nuevo estilo, éste fue realizado por E. Coombs y Kathleen Coombs. Se trajeron especies que no existían en el país, de diferentes lugares del mundo, que actualmente son un atractivo especial para los estudiantes especializados en paisajismo. 

Luego el parque continuó enriqueciéndose en especies, dado que la esposa de Edmundo Saint, María Julia Ignacia Bullrich fue presidenta de la Sociedad de Floricultura en esa época.

En 1958, a la muerte de Edmundo Saint, lo heredó su esposa, que conservó el casco de la estancia. 

María Julia Ignacia Bullrich vendió una parte en 1961 a la Sociedad de Fomento Equino, que la re-vendió posteriormente. Allí funciona actualmente un Haras. Y en 1969 vendió el resto a Bel Retiro SA de Inversiones Mobiliarias e Inmobiliarias, cuyo presidente era Roberto Eduardo Roberts, uno de los principales referentes del Banco Roberts, que la utilizaba como casa de descanso.

Asi es que a lo largo de un siglo y medio la propiedad perteneció a cuatro familias que dejaron su impronta, conservando y renovando su valor y belleza.

En 1993 la propiedad fue comprada por sus actuales dueños, quienes “enfatizaron su esplendor original y re-adecuaron los espacios retomando los ambientes cálidos, amplias galerías y un salón decorado al estilo campestre. 

La historia de esta magnífica propiedad se seguirá escribiendo, con una nueva generación de propietarios que sin duda antes de la decisión internalizarán la trascendencia de un lugar tan simbólico como algunos de los monumentos más representativos de la tradición Argentina.