La Inteligencia emocional y los trabajos del futuro
  • 17 de Abril, 2022

La Inteligencia emocional y los trabajos del futuro

 

¡Hola! ¿Cómo estás? Una vez más vengo a compartirte mi columna mensual de los domingos, espero que estés disfrutando de nuestro blog.

La irrupción de la automatización, con el fin de optimizar tiempo y recursos en empleos tradicionales ha ganado gran terreno en el mundo laboral, reemplazando la mano de obra humana por herramientas robóticas. “Todo lo que pueda ser automatizado, lo será", declara Gerardo Neugovsen, director del Diplomado Internacional en Planeamiento y Gestión de Industrias Creativas y Culturales.

Según el Foro Económico Mundial, el 60% de los trabajos actuales desaparecerán en las próximas décadas y los requerimientos que tendrán en cuenta los empleadores del futuro serán: la resolución de problemas complejos, el pensamiento crítico y la creatividad.

Dentro de este selecto grupo de requerimientos se encuentran las habilidades blandas, habilidades que resultan de la combinación de competencias sociales (por ej: empatía) que una persona puede desarrollar y que se vuelven importantes para preservar la comunicación, el trabajo en equipo y las relaciones interpersonales.

Este cambio de paradigma provoca en el contexto profesional una gran necesidad de flexibilidad y adecuación por parte de los trabajadores, por lo tanto aquellos con mayor capacidad de adaptación, tendrán una major predisposición a la hora de adquirir este tipo de habilidades.

Es así como vemos que el turismo, la música y el arte son industrias que se encuentran en pleno crecimiento, jugando un papel importante en la creación de empleo, y transformándose en el nuevo motor de la economía moderna. 

Según informes actuales de la UNESCO, las industrias culturales y creativas (ICC) se han convertido en la auténtica riqueza de las naciones del siglo XXI, esto se debe al aumento en la demanda en el mundo del entretenimiento y su potencial de distribución a través de medios digitales, que permite alcanzar audiencias globales alimentando la innovación en estos  sectores.

En un mundo robotizado, la interacción entre seres humanos será crucial para la supervivencia, profesores de yoga, deportistas y artistas serán un pilar importante de estas nuevas sociedades. En este contexto la gestión emocional se volverá una aptitud indispensable, transformándose en un recurso laboral por excelencia, equiparando a las competencias técnicas, profesionales y académicas. 

La capacidad para interpretar y gestionar las emociones será el baluarte de las nuevas organizaciones, entender la conducta será un instrumento para leer a nuestros interlocutores y así poder orientar los objetivos perseguidos.

“La racionalidad surge de la emocionalidad, de las preferencias y deseos de las personas”, plantea el biólogo, Humberto Maturana, somos seres emocionales y la complejidad de nuestra conducta es una muestra de ello; podemos analizar, comprender y predecir el comportamiento humano por medio de sus emociones. 

¿Para qué sirven las emociones? Las emociones tienen un peso muy importante en la psiquis humana, nos alertan ante la aparición de peligros, nos guían en la persecución de metas y objetivos, al punto tal que cuando gobiernan las emociones la inteligencia racional se ve totalmente desdibujada.

Si la emoción toca alguna fibra nerviosa de nuestro cerebro, un conjunto de cambios fisiológicos y de comportamiento se activan en nuestro cuerpo; este recorrido nos permite sentir las cosas de forma emocional antes de que aparezca el razonamiento. 

Todas nuestras relaciones se ven influenciadas por las emociones, y esto influye en diversas áreas de nuestra vida: salud, educación, vínculos, desarrollo personal, etc. Según Daniel Goleman la inteligencia emocional, es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos.

Goleman describe cinco aspectos que se ponen en juego a la hora de gestionar nuestras emociones, en primer lugar, la autoconciencia que nos permite identificar las propias fortalezas y debilidades; en segundo plano la autorregulación que nos ayuda a controlar las emociones permitiendo desarrollar la confianza y la equidad. 

La motivación representa la voluntad del logro, más allá de los obstáculos presentados; la empatía tiene como corolario el respeto y la escucha del otro, por último, la habilidad social que significa capacidad de interacción de la persona con el mundo real. 

Según Platón “todo aprendizaje tiene una base emocional” y en la actualidad los sistemas educativos ponen el foco en incorporar conocimientos pedagógicos que responden a un diseño curricular determinado, dejando de lado la posibilidad de que las personas aprendan a identificar y entender sus emociones, olvidando que reaccionamos emocionalmente (conscientes o no) a todo lo que ocurre en nuestras vidas. 

Algunos países de Asia, por ejemplo Singapur, ya se encuentran enfocando el aprendizaje en este tipo de habilidades blandas, con el objetivo de formar líderes con amplias capacidades emocionales para mediar entre humanos y tecnología. 

Ante esta perspectiva debemos permanecer atentos y comenzar a prepararnos para un mundo de constantes cambios, los trabajos humanos del futuro serán aquellos que requieran de un alto grado de inteligencia emocional, aquella inteligencia de la que carecen las máquinas.

Espero que te haya gustado mi columna, y haberte acompañado al menos un momento, ¡gracias por leerme!

 

- Por Gastón Figueras. Lic en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales -